Con motivo de las fechas navideñas, hoy os
cuento una historia que resume en pocas palabras el verdadero significado de la
Navidad y la cara que casi nadie conoce de estas entrañables fechas.
Acostumbramos a las copiosas cenas de Nochebuena
y Nochevieja donde productos como el bogavante o los percebes nunca faltaban en
la mesa. Ya sabemos este año, como los dos anteriores, pasaremos la Navidad
bajo el cobijo de esta crisis económica. Para el chico no fue desapercibida. Tanto,
que en poco tiempo la empresa familiar había quebrado hasta terminar en la
bancarrota.
Aquella Navidad de 2010 siempre la
recordarían con la imagen de una mesa desierta. Ya no estaban ni los bogavantes
ni los percebes; ni si quiera jamón, langostinos o queso. Para cenar, aquella
noche tenían tan solo un bocadillo de chóped y un vaso de agua. Pero la pobreza
no hacía que aquella familia perdiera el espíritu navideño. Desde días
anteriores un belén hecho de cartulina (ya que el que siempre habían tenido
tuvo que ser vendido) lucía en el mueble-bar.
Sentados a la mesa, intentaban armonizarse
cantando algún villancico después de la cena. Pero la tristeza pudo más y la
mujer fue la primera en derrumbarse. A quiénes querían engañar…, qué tipo de
navidades eran aquellas. Por mucho que se esforzaban por ser positivos no lograban
ponerse a la altura de los demás y pasar unas navidades decentes.
No era aún media noche cuando los miembros
de aquella familia decidieron irse a la cama y poner cuanto antes fin a aquel
duro día. Sonó el timbre. Cuando el padre fue a abrir, los vecinos de su
comunidad esperaban con una sonrisa y algo de comida que habían recolectado
entre todos. Para sonrisa, la de aquel hombre al encontrarse con tan grata
sorpresa y posteriormente las de los demás miembros de la familia.
La noche acabó con una mesa repleta de
platos de langostinos, queso, jamón, canapés y las sobras de cada casa. Luego
llegaron las bebidas: varias botellas de cava y lo que no era cava. Lo que
parecía ser una noche cualquiera, se convirtió en una velada de juerga que duró
hasta el amanecer. El espíritu de la Navidad en forma de bondad, alojado en el
corazón de aquellos vecinos, inundó una casa que acababa de perder instantes
antes, todo el entusiasmo por lo que para la mayoría son unas entrañables
fiestas. Comprendieron que la Navidad no es hacer compras en los grandes
almacenes, adornados de luces, ni tener una mesa llena de comida; ni hace falta
tener el árbol o el belén más caro del mundo, ni protocolos, ni pedir el
aguinaldo. Esta familia aprendió que la Navidad no se valora con dinero, sino
con los más profundos sentimientos que salen del corazón. La Navidad consiste
en compartir con los más necesitados, en repartir tu alegría con los demás, en
cantarle un villancico a aquel que está deprimido, en ser un santo dando todo
lo mejor que guardas en tu corazón, en ponerte en el lugar del que lo pasa mal
en estas fiestas y compartir la alegría cuando las celebras.
Pero siempre queda olvidado el verdadero
significado de la Navidad: celebrar el nacimiento de Jesús. La Navidad, de esta
forma nos enseña que Jesús, aunque nació en un pobre y humilde pesebre, trajo
felicidad y mucho amor al mundo. Nos enseña a ser felices sin necesitar la
abundancia ni el consumismo.
¡Feliz Navidad!
Posdata: En la Navidad de 1999, con mi
primer ordenador, un Canon de los de monitor monocromo con caracteres verdes y
MS-DOS, escribí en ese procesador de textos mi primera historia. La esencia era
la misma. En ese caso, trataba de un vagabundo que dormía en un cajero, en contraste
con las familias que se preocupaban por el menú de las cenas y quiénes iban a
acudir o tener las casas engalanadas, como si a un concurso de decoración
navideña se presentaran. La Navidad es un conjunto de tradiciones que componen
las fiestas, pero nunca deberíamos olvidar a quienes no pueden celebrarla
porque duermen en la calle o porque están enfermos en una cama de hospital.